lunes, 10 de agosto de 2020

¡El cuadro!

Hoy me desperté muy alterada, porque había soñado con mi hermano y en el sueño me decía que tenía que ir a buscar el cuadro que él siempre miraba. Yo no sabía qué había pasado con ese cuadro; solo me dijeron que quedó abandonado ela casa de Lucio, porque nadie lo quería. Me levanté, me vestí, desayuné y salí a buscar a Ana para que me acompañase a buscar el cuadro. Cuando llegué a la casa de Ana, le pregunté si me podía acompañar y, como siempre, me pidió un montón de explicaciones, pero, al final, me acompañó. Llegamos a la casa y a las dos nos dio un escalofrió, pero, con mucho coraje, entramos.  

Esa casa estaba completamente abandonada y a punto de derrumbarse. Llegamos a la habitación de Lucio y nos sorprendimos mucho, porque no estaba el cuadro en el lugar de siempre. Buscamos por todos lados, pero no lo encontramos. De repente, en una esquina de la habitación, lo vi. ¡El cuadro!”, grité. N cómo no lo pudimos ver, si en la habitación no había nada. No estaba ni la camaAgarré rápidamente el cuadro y las dos salimos corriendo. Nos alejamos lo más rápido posible de esa casa. 

Estábamos muy contentas y también asustadas. Se hizo de noche y llevé a Ana a su casa, mientras que yo me fui a la mía. A la mañana siguiente agarré el cuadro y salí al patio de mi casa. Fui a comprar un montón de pinturas y pinceles, porque le quería dar un estilo más alegre y menos aterrador. Volví a mi casame puse una ropa vieja y le hice al cuadro una raya de pintura con color naranja. Mmanché un poco la cara y, por eso, fui a buscar un trapito para limpiarme. Cuando volví, pasó algo muy extraño. La raya naranja no estaba. Había desaparecido.  Entonces, se me ocurrió manchar todo el cuadro con todos colores. Después de dos minutos, salió del cuadro una luz que me encandiló. Cuando esta se apagó, miré el cuadro y las manchas que le había hecho no estaban más. Llamé rápidamente a Ana para que viniese a ayudarme, pero no me contestó. Masusté mucho, así que salí corriendo a la estación de policía así me decían que estaba pasando.   

Los policías me acompañaron a mi casa para que yo les mostrara que estaba pasando. Pinté todo el cuadro como la otra vez y, mientras esperábamos que aparezca la luz, les hice un café. Pasaron dos horas y las manchas seguían ahí. Los policías ya se querían ir por eso yo me armé los bolsos y les abrí la puerta. En ese momento, pasó algo inesperado en el cuadro. Este volvió a brillar y todos nos encandilamos. Los policías sacaron las armas, pero no había nadie. Las manchas desaparecieron y los policías se llevaron el cuadro, diciéndome que me fuera a dormir a otro lado. Llamé a Ana y le pregunté si me podía quedar a dormir una noche en su casa. Ella me dijo que me quedase todo el tiempo que quisiera.  

De ese cuadro, no supe nunca más nada. Yo vendí mi casa, porque no quería vivir más ahí, y me quedé con Ana. Hasta el día de hoy, estoy viviendo con ella se lo agradezco mucho, porque me permite quedarme hasta que yo me sienta segura de irme a vivir sola. 

 

Por Luciana Schwam


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