Hoy me desperté muy alterada, porque había soñado
con mi hermano y en el sueño me decía que tenía que ir a buscar el
cuadro que él siempre miraba. Yo no sabía qué había pasado con ese cuadro; solo me dijeron que quedó abandonado en la casa de Lucio, porque nadie lo quería. Me levanté, me vestí,
desayuné y salí a
buscar a Ana para que me acompañase a buscar el cuadro. Cuando llegué a la
casa de Ana, le pregunté si me podía acompañar y, como siempre, me pidió un montón de explicaciones, pero, al final, me acompañó. Llegamos a la casa y a las dos nos dio un escalofrió, pero, con mucho coraje, entramos.
Esa casa
estaba completamente abandonada y a punto de derrumbarse. Llegamos a la habitación de Lucio y nos sorprendimos
mucho, porque
no estaba el cuadro en el lugar de siempre. Buscamos por
todos lados, pero no lo encontramos. De repente, en una esquina de la habitación, lo vi. “¡El cuadro!”, grité. No sé cómo no lo pudimos
ver, si en
la habitación no había nada. No estaba ni la cama. Agarré rápidamente
el cuadro
y las dos salimos corriendo. Nos alejamos lo más rápido posible de esa casa.
Estábamos muy
contentas y también asustadas. Se hizo de noche y llevé a Ana a su casa, mientras que yo me fui a la mía. A la mañana siguiente agarré el
cuadro y salí al patio de mi casa. Fui a comprar un montón de pinturas y pinceles, porque
le quería dar un estilo más alegre
y menos aterrador. Volví a mi casa, me puse una ropa vieja y le hice al
cuadro una raya de
pintura con color naranja. Me manché un poco la cara y, por eso, fui a buscar un trapito
para limpiarme. Cuando volví, pasó algo muy extraño. La raya naranja no estaba. Había desaparecido. Entonces, se me ocurrió manchar
todo el cuadro con todos colores. Después de dos minutos, salió del cuadro una luz que me encandiló. Cuando esta se apagó, miré el cuadro y las manchas que le había
hecho no estaban más. Llamé rápidamente a Ana para que viniese a ayudarme, pero no me contestó. Me asusté mucho, así que salí corriendo
a la estación de policía así me decían que estaba pasando.
Los policías me
acompañaron a mi casa para que yo les mostrara que
estaba pasando. Pinté todo el cuadro como la otra vez y, mientras esperábamos que aparezca la luz, les
hice un café. Pasaron dos horas y las manchas seguían ahí. Los policías ya se querían ir por eso yo me armé los bolsos y les abrí la puerta. En ese momento, pasó algo inesperado en el cuadro. Este volvió a brillar y todos nos encandilamos. Los policías sacaron
las armas, pero no había nadie. Las manchas desaparecieron y los policías se llevaron el
cuadro, diciéndome que me fuera
a dormir a otro lado. Llamé a Ana y le pregunté si me podía quedar a
dormir una
noche en su casa. Ella me dijo que me quedase todo el
tiempo que quisiera.
De ese cuadro, no supe nunca más nada. Yo vendí mi casa, porque
no quería vivir más ahí, y me quedé con Ana. Hasta el día de hoy, estoy
viviendo con ella y se lo agradezco mucho, porque me permite quedarme hasta que yo me sienta segura de irme a vivir sola.
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