lunes, 10 de agosto de 2020

El misterio oculto de Lucio

Era un fin de semana como cualquier otro. Estaba en el patio regando las plantas cuando sonó el timbre. Me acerqué a la puerta y vi a una persona. Era una señora de cabello gris, con un par de arrugas en el rostro, esperando ser atendida. La reconocí al instante, hace una semana atrás en un cumpleaños de amigos nos habían presentado. Ella estaba preocupada por su hijo. La invité a que pasara, le preparé un té y comenzó a contarme el porqué de su visita. El tema era su hijo que había tenido un accidente, se había resbalado de una palmera, quedando inconsciente y desde ese momento no pudo separarse de sus muletas para caminar, por eso la necesidad de conseguir una persona que la ayude con el cuidado de Lucio. Ella consideraba que mi forma de ser una persona tranquila, dulce, paciente y alegre, era la persona indicada para cuidar de él y le hiciera compañía las veinticuatro horas del día. Yo, realmente, quería ayudarla, aunque estaba atrasada con mi trabajo y tenía muchas tareas escolares que corregir. Pero algo se me iba a ocurrir. Lpregunté en q la podía ayudar, sin saber que la situación era más complicada de lo que yo creía. La situación y desesperación de la mama hizo que aceptara ayudar a la familia, para eso pedí en mi trabajo una licencia por un año.  

Así fue como conocí a Lucio. Cuando me lo presentaron, me pareció una persona bastante callada: no se expresaba, era tímido, bastante introvertido y, con todas estas cualidades, iba a ser muy difícil llegar a una relación amistosa. Al día siguiente tuve que mudarme a su departamento, el cual tenía 3 habitaciones, 2 baños, uno principal y otro para huéspedes, elegí la habitación más pequeña y tenía una ventana que daba al patio, además estaba cerca de la habitación de Lucio. Yo me levantaba temprano para hacer las compras de lo que se necesitaba y poder regresar para llevarle el desayunoluego ordenar el departamento, cuando entraba a la habitación de Lucio el no volteaba la mirada y seguía concentrado en su cuadro misterioso que yo no entendía, la habitación era oscura, fría, entraba poca luz y tenía olor a encierro, al no haber dialogo solo me quedaba ordenar y retirarme luego de terminar con la limpieza, me sentaba en la cocina, llamaba a los padres de Lucio y les contaba las pocas novedades de la mañana. Mi vida comenzó a ser tan monótona que solo deseaba tener un dialogo fluido con Lucio y poder alegrar el día. Una noche, me levanté a tomar un vaso de agua y escuché voces que venían del cuarto de Lucio. Me acerqué a la puerta, pero solo logré escuchar susurros y no me animé a interrumpir. Al día siguiente, sonó el timbre. Atendí y vi a la familia de Lucio. Noté que había una chica que no conocía. Lpregunté a su madre y me dijo que era la hermana de Lucio, Nora. Su familia fue a verlo a la habitación. Lucio se emocionó y les conto lo que preparaba. Veía que él se llevaba bastante bien con su familia y actuaba diferente que conmigo: se veía entusiasmado, en simples palabrasTambién noté que pasaba lo mismo con su hermana mientras hablaban sobre sus cosas al merendar. Cuando llegó la hora de que la familia se retirara, se notó tristeza en el rostro de Lucio.  

Pero, una mañana como tantas, él me sorprendió con unos buenos días al entrar a la habitación. Su cara era alegre, su mirada, chispeante, y hasta me pregunto qué opinaba sobre el cuadro. Jamás pensé que ese momento llegaríaya que llevaba meses sin comunicarnos. Le dije que su cuadro me gustaba y no quise preguntar mucho para no perder el poco diálogo que habíamos logrado. Días después, le pregunte qué significaba para éla pintura y se quedó callado.  

Una mañana me desperté, decidida a preguntarle más sobre el cuadro. Preparé el desayuno con entusiasmouna chocolatada con tostadas—pero, cuando llegaba a la habitación, noté que no se escuchaba nada. Tuve un mal presentimiento y sentí que algo no estaba bien, por lo que formulé una pregunta desde el pasillo, sin abrir la puerta. Esperé y nada pasóVolví a pregunté y, al no obtener nuevamente una respuesta, entré. ¡Lucio no estaba! Sentí que mi corazón se comprimía, que me faltaba el aire, y entré en pánico. Traté de tranquilizarme. Tomé mi celular y le avisé a sus padres y a su hermana. Mientras esperaba, mi mente buscaba una respuesta para esa misteriosa desaparición. Estaba tan confundida que no podía pensar, pero recordaba ese susurro que había escuchado la noche anterior, y no me quedó otra que pensar que alguien lo había secuestrado. Cuando la familia llegó, estaban tan sorprendidos y preocupados como yo y no logramos encontrar rastros en su habitación que delatara su paradero. Todo estaba intacto. Después de unas horas, la familia decidió informar a la policía para que se investigue la desaparición de Lucio y yo me puse a disposición para lo que necesitaran. Después de haber compartido y cuidado durante un año y medio a Lucio, siento que ha quedado un vacío e incertidumbre en mi corazón al no tener aún una explicación de lo sucedido.  

 Por Felipe Piñeyro


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