martes, 4 de agosto de 2020

¿Qué pasó con Lucio?

Mi hermano era un chico muy reservado, aunque le encantaba divertirse en el patio, pintando, deslizándose por las canaletas, trepando palmeras o hamacándose. 

Una vez se le ocurrió subirse a la palmera más alta del jardín. Había agarrado a la gata, unos lápices y un cuaderno y se subió a la palmera más alta que había en el patio y se quedó ahí dibujando por bastante tiempo. Hubo algo que lo hizo resbalar porque lo encontramos desmayado en el piso. Desde ese día utilizó muletas por el resto de su vida.  Luego de dos o tres años, decidió encerrarse en la casa de mi abuela, ya que no estaba conforme con sus piernas.  

Una tarde de mayo, lo quise visitar con unos amigos para ver como andaba. Nos quedamos charlando sobre una reproducción de Lucas Cranach que yo le había regalado. Al cumplir los veinte años, su carácter no había cambiado. Siempre fue reservado pero cada vez más, aunque había algo raro: siempre recibía visitas cubriendo sus piernas.  

Cuando cumplió 28, uno de los pocos amigos que tenía le regaló un viejo llamador. Más tarde casi a la noche me contó algo sobre una vieja y estrecha casa. Observando sus características, empezó un cuadro que hizo cambiar mucho su personalidadEl mismo tuvo éxito y, luego de un tiempo, lo llamaron para pintar en una galería del centro.  

Había adelgazado mucho, ya casi no tenía amigos y solo se trataba conmigo (de vez en cuando), con mi papa, y mi abuela. Seguía editando su cuadro y se veía cada vez más triste, más oscuro. 

Una mañana de abril encontramos a la abuela muerta en su cama, ella era una de las personas más cercanas a Lucio, y él comenzó a quedarse en soledad con su cuadro. Le cambió la tela y le dibujó una mano que se asomaba en el postigo.  

A la mañana siguiente, Ana, la mujer que lo atendía en la casa de mi abuela, le llevó el almuerzo a su cuarto y encontró a Lucio sentado frente a su cuadro, como siempre. Yo lo quise llevar al campo para que se despejase un poco de lo que había pasado con la abuela, pero me dijo: “No, tengo un viaje más importante”. Supuse que quería visitar otro país o que quería ir a la playa. A la vez, me parecía raro, porque al haber estado tanto tiempo adentro de una casa y encima solo, no creí que se fuera de viaje. 

A la mañana siguiente me levanté a prepararme el desayuno y me llamó Ana sumamente asustada, gritando que Lucio había desaparecido. Apenas escuché lo que me dijo Ana me dirigí hacia la casa lo más rápido que pude. Y sí, Lucio no estaba. Lo único que noté fue que la pieza estaba bastante desordenada. 

Llamé a la policía, hablé con vecinos, y hasta revisé el celular de Lucio. Pero no encontré evidencias de nada. ¡Muy extraño, la verdad! Luego de un rato, me cerraron más las cosas. Rememoré lo que me había dicho Lucio cuando le había preguntado si quería venir al campo conmigoTal vez ese era el viaje del que me había hablado. 

Luego de varios meses de este suceso no logro descubrir que fue lo que hizo que Lucio desapareciera, lo voy a seguir investigando hasta poder encontrarlo. Mi vida cambió mucho desde que se fue, no tuve nunca mucho trato con él, pero se siente mucho su ausencia. Cada vez que junto con algún amigo o algún familiar nos acordamos de él¡Otros que no saben lo que pasó me preguntan si es verdad, como si les estuviera haciendo una broma! Y yo no sé cómo explicarles que “desapareció”.   

Me hubiese gustado despedirme de él si hubiese sabido que iba a desaparecer de la nada. 

 

Por Juana Dottori

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