Ya había pasado un mes de la desaparición de Lucio. El ambiente era
raro, como lo fue las últimas veces que lo vi mientras miraba su cuadro. Ya no
escuchaba sus travesuras, ni lo podía ver mientras jugaba. Todo era
diferente.
Un día, decidí marcharme, porque ya no tenía a quien cuidar ni nada que
hacer. Había llegado el momento en que me tenía que despedir de Nora, algo que
creí que no iba a suceder, pero sucedió. Me costó despedirme, pero lo tuve que
hacer. A ambas se nos cayeron un par de lágrimas, pero logré subir al tren
rápidamente antes de que me largase a llorar desconsoladamente, porque ya me
había encariñado con Nora. Le prometí que iba a investigar más sobre lo que le
ocurrió a Lucio, pero todavía no logro encontrar la información necesaria para
descubrir lo que pasó.
El tren en el que estaba viajando me llevaba de regreso al pueblo en el
que nací. Yo no tenía mucho dinero para mi propio transporte, así que era una
costumbre viajar en tren. Allí se encontraba toda mi familia. Así que, desde
esa perspectiva, estaba feliz porque volvería ver a personas muy importantes
para mí. Mi pueblo quedaba a muchos kilómetros, unos setecientos
aproximadamente. Durante el viaje iba observando una hermosa pintura, que se
encontraba en uno de los laterales del tren, pero no viene al caso, porque había
tenido unos cuantos problemas, uno de ellos fue que mi asiento rebotara y me
dejara a un centímetro del techo o que el guarda haya creído que no compre el
boleto y me haya despedido del tren x Si, y acá estoy caminando hasta mi
pueblo, sin mi bolso ni alimento alguno que ingerir. Lo primero que se me pasó
por la cabeza fue pedir alguien que me llevara hasta mi pueblo, pero recordé lo
que mi abuela me decía cuando era pequeña: “No hables con desconocidos”.
También empecé a observar el paisaje y ver si encontraba algún caballo para
montar, pero solo había un lago lleno de patos. Ya que no encontré ninguna otra
alternativa, tuve que caminar.
Ya llevaba una hora y media de caminata, tomé una piedra bastante grande
para sentarme un rato y ver de qué forma hidratarme, y, cuando miré para un
costado, vi mi salvación. Había una casa pequeña, muy parecida a la que Lucio
había pintado en el cuadro, pero un poco más oscura, y, como vi que había una
canilla y sombra, no dudé en acercarme a descansar. Como soy una persona muy
curiosa, traté de ver hacia adentro para ver si alguien vivía allí, y llegué a
la conclusión de que no. Entonces, me decidí a entrar. En la puerta, había
colgado un cartel que decía “The dangerous house”, pero como el inglés es lo
que menos me interesa en este mundo, no le preste atención. Toqué el picaporte
y una corriente de viento me empujé hacia adentro.
La casa era tenebrosa. El piso estaba cubierto de suciedad y lleno de
telarañas y se respiraba un olor repugnante. Por ese motivo, tomé una escoba
que había dentro de la casa y era de textura áspera e inicié una limpieza
profunda de la casa, además encontré dentro de una alacena un perfume de
ambientes y lo eché, ya que estaba segura de instalarme en aquella casa. Cuando
me incliné para limpiar un pequeño esquinero, sentí que muchas cosas se estaban
cayendo, no sabía que cosas caían.
Pero pensé que era solo mi imaginación. Después, volví a sentir ese olor
asqueroso que había cuando entré y, entonces, me pregunté cómo podía ser
posible si había ventilado todos los ambientes y había echado un perfume de
aroma exquisito. De repente, empecé a escuchar sonidos de pasos arriba del
techo. Lo primero que se me paso por la cabeza fue que alguien se había subido
a pisotearlo hasta que se cayera, pero después pensé que los patos querían
entrar a la casa. Entonces, salí para ver lo que sucedía, pero no había nada.
Esa casa endiablada ya me estaba dando miedo ya no tenía las mismas ganas que
al principio de quedarme allí.
De repente, escuché una voz que me llamaba por mi nombre. No sabía de
dónde provenía y traté de seguirla. Poco a poco, me fui alejando de esa casa
endiablada y comencé a correr, persiguiendo esa voz que me hablaba, aunque unas
cuantas veces me tropecé, de lo rápido que iba. Pero seguí corriendo. Corría
por dos razones: para descubrir quién me hablaba y para distanciarme de la
casa. Mis pies estaban destrozados de tanto correr y toda mi ropa estaba sucia
y llena de tierra, por lo que decidí volver a la casa y bañarme. Dejé de
escuchar súbitamente la voz que me llamaba y me quedé más tranquila, pensando
que no había nada más de que preocuparse, nadie me estaba llamando. Simplemente
debía pensar como volver a mi pueblo. Mientras levantaba la pollera que estaba
embarrada, y me di cuenta que ya me estaba acercando a la casa. Tenía un poco
de miedo por todo lo que me había ocurrido anteriormente, pero pensé en lo que
siempre le decía a Lucio: “Estar limpio es muy importante, eso siempre debes
acordarte”. Era una rima que utilizaba cuando Lucio no quería ducharse.
Entonces, entré en la casa y me duché, porque la rima me sirvió, para darme
cuenta que estar limpio es lo principal y me dio animo a entrar en la casa.
Luego, salí a observar el paisaje, ya que no había tenido tiempo de
hacerlo. Tomé una hermosa silla de madera idéntica a una que había en la casa
de Lucio donde trabajaba. Todo estaba muy tranquilo, hasta que la voz me volvió
a hablar, aunque esta vez me dijo otra cosa: “Estás dentro de él”. No entendí
esa frase ni tampoco me interesaba. Por el contario me propuse buscar alguna
forma de volver a mi pueblo, lo cual era lo único que me importaba. Quería ver
a mi familia y a mis amigos de la infancia, pero como no encontraba ninguna
manera, me descargué llorando, pero nuevamente la voz interrumpe me decía “No
llores Ana, estamos juntos, si es que eso te alegra”. Yo estaba cansada de que
esa voz dijese cosas absurdas y, entonces, volví a entrar en la casa para ver
si dejaba de escuchar esa voz insoportable.
Entonces, lo vi. Mis piernas temblaban, mi corazón estaba por salirse de
mi pecho y, sin pensarlo corrí, y lo abracé. ¡Era Lucio! ¡No lo podía creer! Me
senté y empezamos a hablar. Estaba completamente emocionada, porque lo había
encontrado. Lucio, entonces, me explico todo. Me dijo que él había entrado en
esta casa junto con la silla que me resultaba tan conocida, pero yo seguía sin
entender qué estaba haciendo ahí y él me lo explicó. Me dijo que yo, al haber
estado muchas horas mirando el cuadro del tren, me había transportado a su
interior y que la voz que oía era la suya. Con sus frases me quería dar pistas,
pero, como le guastaba jugar y hacer travesuras, me lo quería explicar de esa
manera. Le pedí que volviéramos a su casa, ya que todos estaban muy preocupados
desde hacía meses. Pero Lucio se negó. No me esperaba esa respuesta. Me dijo
que dentro del cuadro podía correr y hacer ejercicios corporales. Además, me
dijo que tenía mucho miedo de volver y que todo volviera a la normalidad. Sin
embargo, lo convencí de que tenía que perder todo ese temor y regresar con su
familia.
Ya era el momento de despedirnos de la hermosa pintura y volver con
Nora. Primero, me puse a pensar si en verdad quería volver con Lucio y Nora o
volver con mi familia, pero sentí que Lucio me necesitaba y, además, estaba
perdida y no sabía cómo llegar a mi propia casa. Entonces, me decidí a irme con
él. Pero la gran pregunta era cómo volver. Ambos nos pusimos a pensar. Lucio
tomo una rama y, sobre la tierra, comenzó a crear planos, para ver si
encontraba alguna forma, mientras que yo recogí unas maderas que se encontraban
detrás de la casa y traté de armar un bote para cruzar por el lago, pero fue
imposible. Yo estaba muy cansada y estaba por decirle a Lucio que no íbamos a
poder volver cuando, de repente, desapareció. Me metí en la casa para ver si
estaba y, efectivamente, estaba allí, sentado en la misma silla en la que había
pintado su cuadro, arrastrando el pincel con pintura de color naranja, pero,
esta vez, no tenía ningún cuadro. Estaba pintando sobre la pared su propia la
casa, a la misma que queríamos volver. Fijamente y muy quietos nos paramos
delante de la pintura. Cerramos los ojos y volvimos a su casa. Nora regresaba
de hacer las compras y al ver a Lucio, le dio un abrazo fuerte que los unió más
que nunca.
Por Candela Teuly
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.