miércoles, 8 de julio de 2020

Ana y su experiencia paranormal

Ana era una niña muy humilde de chica. No tenía mucho, pero era feliz. Cuando era pequeña iba al jardín y siempre sonreía. Años después, su familia apenas tenía para comer y por eso ella tuvo que salir a trabajar. Buscó trabajo como niñera o mucama, y lo consiguió.

Tenía que atender a un pobre hombre que no podía caminar a causa de un accidente que tuvo de niño. A ella, habiendo escuchado el nombre de Lucio, le sonó familiar la historia del accidente: era el niño que, al subirse a una palmera para dibujar, se cayó, y que, desde ese momento, no pudo caminar. El primer día de trabajo, cuando le presentaron a Lucio, lo reconoció: habían ido juntos al jardín y la escuela. Pero ella no había estado mucho con él porque era muy travieso. Al verlo sentado todo el día en su cuarto, se sintió mal, porque a él le gustaba jugar y ahora estaba todo el día sentado.

A ella le gustaba su trabajo: tenía que cocinar (lo cual le encantaba), limpiar y atender a Lucio en todas las cosas que le pidiera. A pesar de que él estuviera todo el día encerrado en su cuarto mirando una pintura, Ana lo quería mucho y le agarró cariño. También se llevaba muy bien con la hermana, Nora.

Ana no podía comprender que hacía mirando una pintura todo el día. Por eso le fue a preguntar a Nora, quién le dijo que la pintura del cuadro cambiaba por si sola. Eso, a Ana, le pareció extraño, pero no le importó y siguió haciendo su trabajo. Cada día veía el rostro de Lucio más delgado y era cada vez más reservado.

Un día de agosto, Ana preparó el almuerzo y cuando fue a llevárselo al cuarto, Lucio no estaba. A Ana se le cayó la bandeja con la comida al piso y agitadísima llamó a Nora, quién de inmediato fue a la casa. Ana no lo podía creer. Lucio había desaparecido, y, días después, también su pintura. Nora llamó a la policía y lo empezaron a buscar, pero no lo encontraron.

Ana se quedó muy confundida y se preguntaba todo el tiempo: “¿A dónde habrá ido Lucio?”.

Días después de lo sucedido, Ana seguía muy confundida y constantemente pensaba en Lucio. Llegó a la conclusión de que podría haber viajado a la casa de la pintura. Todo esto le pareció extraño, pero la única conclusión a la que llegó fue aquella porque, cuando Lucio desapareció, cambió el dibujo de aquella pintura.


Por Juana Gutiérrez 

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