Ana era una niña muy humilde de chica. No
tenía mucho, pero era feliz. Cuando era pequeña iba al jardín y siempre
sonreía. Años después, su familia apenas tenía para comer y por eso ella tuvo
que salir a trabajar. Buscó trabajo como niñera o mucama, y lo consiguió.
Tenía que atender a un pobre hombre que no podía
caminar a causa de un accidente que tuvo de niño. A ella, habiendo escuchado el
nombre de Lucio, le sonó familiar la historia del accidente: era el niño que, al subirse
a una palmera para dibujar, se cayó, y que, desde ese momento, no pudo caminar.
El primer día de trabajo, cuando le presentaron a Lucio, lo reconoció: habían
ido juntos al jardín y la escuela. Pero ella no había estado mucho con él
porque era muy travieso. Al verlo sentado todo el día en su cuarto, se sintió
mal, porque a él le gustaba jugar y ahora estaba todo el día sentado.
A ella
le gustaba su trabajo: tenía que cocinar (lo cual le encantaba), limpiar y
atender a Lucio en todas las cosas que le pidiera. A pesar de que él estuviera
todo el día encerrado en su cuarto mirando una pintura, Ana lo quería mucho y
le agarró cariño. También se llevaba muy bien con la hermana, Nora.
Ana no podía comprender que hacía mirando una
pintura todo el día. Por eso le fue a preguntar a Nora, quién le dijo que la
pintura del cuadro cambiaba por si sola. Eso, a Ana, le pareció extraño, pero
no le importó y siguió haciendo su trabajo. Cada día veía el rostro de Lucio
más delgado y era cada vez más reservado.
Un día de agosto, Ana preparó el almuerzo y
cuando fue a llevárselo al cuarto, Lucio no estaba. A Ana se le cayó la bandeja
con la comida al piso y agitadísima llamó a Nora, quién de inmediato fue a la
casa. Ana no lo podía creer. Lucio había desaparecido, y, días después, también
su pintura. Nora llamó a la policía y lo empezaron a buscar, pero no lo
encontraron.
Ana se quedó muy confundida y se preguntaba
todo el tiempo: “¿A dónde habrá ido Lucio?”.
Días después de lo sucedido, Ana seguía muy
confundida y constantemente pensaba en Lucio. Llegó a la conclusión de que
podría haber viajado a la casa de la pintura. Todo esto le pareció extraño,
pero la única conclusión a la que llegó fue aquella porque, cuando Lucio
desapareció, cambió el dibujo de aquella pintura.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.